lunes, 18 de junio de 2007

Lo digo yo de mí...

Lo leí en el blog de mi amiguisíma antorcha Gil, y me pareció buena idea, porque la verdad es que me encantan todas estas giladas =)...
La intención es el que tenga ganas lo haga. Acá va lo mío, son ocho cosas que hablan de uno.

1) Amo la música, es una especie de refugio para mí y algo indispensable en mi vida. Cuando no escucho música, canto (muy mal de por cierto), en ocasiones estoy cantando en voz alta y no me doy cuenta hasta que paso verguenza. No sé de donde nace este amor por la música, nadie en mi casa es "adicto"...

2) Me visto siempre hecha un desastre, y muchas veces soy el blanco de las risas. Es que para mí todos los colores se combinan, y sino no importa. En estos días lo que importa es estar abrigada y cómoda, lo demás se lo dejo a las personas que le interesa.

3) No puedo dejar un libro a la mitad... jamás!, tengo que ver como termina, sea de lo que sea, si lo empezé lo tengo que terminar. Por esto muchas veces paso horas leyendo sin darme cuenta.

4) Amo mi perro Membrillo a un punto tal de anteponerlo sobre personas, es decir. Si por casualidad mi vieja llegara a cumplir alguna vez su amenaza de echarlo obviamente me iría con él. Amo su cara de idiota y la cara de indigente que pone cuando estoy comiendo algo para que le convide.

5) Siempre tengo conmigo algún cuaderno, porque me encanta anotar frases que escucho, o canciones que me tocan el alma. Llevo nueve ya, y es una costumbre que tengo de chica.

6) Colecciono muchas cosas... chistes de Bazzooka, boletos del colectivo, las entradas de los recitales a los que voy y afiches de las bandas que me gustan que vienen a mi ciudad. Tengo pocas porquerías guardadas pero muy importantes.

7) Me molesta la desigualdad, y la falta de respeto, por lo general suelo reaccionar muy mal y calentarme con cosas pelotudas a las que nadie le da bola, pero que logran despertar en mí una especie de sangre criminal.

8) Soy distraída a punto tal, de no recordar cosas que hice hace segundos atrás. Despistada por naturaleza.

En fin... nada más. No se me ocurre otra cosa.

Besotes impares y sin sal!

jueves, 7 de junio de 2007

El color del miedo

Hoy mientras estaba en la clase de Taller de Ética y Derechos Humanos, tomaba nota de lo que el profe decía... cuando de repente, mientras hablábamos de la eurística del miedo, ese temor al miedo, me acorde de la canción de Ismael en la cual habla de ese virus del miedo, que tan profundo es cuando llega y que a todos en mayor o menos medida nos afecta.
Ese miedo a tener miedo, la necesidad de una valentía y un coraje constante para no caer en esa parálisis; lo terrible de esto es que no sólo tenemos miedo de tener miedo, sino que también tenemos miedo de no tener miedo... siendo casi una característica ineludible del hombre.
En fin... yo a lo emocional le pongo colores... azul a la tristeza, rojo a la furia, por lo que agarré el marcador amarillo (bien podría haber agarrado el naranja) y marqué "el miedo a tener miedo", porque para mí es amarillo.
Tan amarrillo como la pálidez de un rostro ante una situación terrorífica.

El virus del miedo

Lo amaban, ni más ni menos,
y se sacaba cada mañana
las espinas del sueño.
Juraba y maldecía
y se enredaba en la alambrada
de la mansa rutina.

Vivía como tú o como yo.
Los viernes por la noche
iba a buscar a su amor.
Fumaba tranquilo,
planeaba la semana
y ella le arrancaba el cigarro
y lo besaba.

Y un día lo mordió el virus el miedo.
Entendió que las mujeres
nunca tienen dueño.
Y temió que ella marchase,
que se agotase el manantial
sin un por qué.
Venció el miedo y faltó a la última cita,
no descolgó el teléfono
que aullaba en la mesilla.
Y el temor a la derrota
lo agarrotó como un calambre,
sin un por qué.

Duro, intenso y precario...
Se enfrentaba cada día
al oleaje en el trabajo.
Y una mañana la cobardía
lo paralizó en la puerta
y no entró a la oficina.

Volvía a despertar
y empezaba el periódico
como tantos -por detrás.
Vio y sintió la noche
del planeta y su desastre,
tuvo miedo y decidió
no salir a la calle.

Y ahí lo tienes encerrado en casa,
temblando como un niño,
sellando las ventanas,
para no ver, ni escuchar,
sentir, notar la vida estallando fuera.
Por miedo a sentir miedo
fue a la cama,
como una oruga se escondió
y envuelto entre las mantas
se durmió,
hizo humo el sueño
y se olvidó del mundo
por miedo a despertar.

Aún sigue dormido.
Pasaron los inviernos
y aún sigue escondido,
esperando que tu abrazo
le inocule la vacuna
y elimine el virus del miedo
y su locura.

Ismael Serrano